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CARLOS DE FOUCAULD, DIALOGO INTERELIGIOSO Y ECUMENICO, Uncategorized

Carta de Foucauld a un hermano musulmán – Noticias y comunicaciones nº 178

DídacQueridos hermanos y hermanas: Paz y Alegría!!!
Hoy os presento una recensión del libro De tu hermano musulmán, publicada en la revista Vida Nueva nº 372, y una carta ficticia de Carlos de Foucauld al autor del libro, Dídac P. Lagarriga, leida el día 28 de febrero en la Librería Claret de Barcelona, en un coloquio a propósito del mismo.

CARTA DE CHARLES DE FOUCAULD
A DÍDAC, MI HERMANO MUSULMÁN
(J.L.Vázquez Borau)
Querido Dídac:
En primer lugar agradecerte tus cartas donde se pone de manifiesto tu camino interior, y dónde, poco a poco, vas exponiendo cómo, desde tu atracción inicial por el silencio, que empezó en tu infancia, vas hablando de tu experiencia religiosa a lo largo de tu evolución vital. Los dos hemos pasado de la increencia a la creencia y a los dos nos ha marcado profundamente el Islam.
Hoy, primero de diciembre de 1916, aprovecho para contestar la correspondencia, puesto que los soldados del fuerte Motylinski, que está a unos 50 Km de aquí, pasarán a recoger la correspondencia. Te escribo, pues, desde Tamanrasset, en el corazón de las montañas del Hoggar, en el bordj, fortaleza-ermita, donde ahora vivo y que hemos construido los tuaregs de la tribu Dag-Rali, para poder refugiar a nuestra gente de los ataques de los senusites, provenientes de la Tripolitania, que, a raíz de la guerra franco-alemana, hacen incursiones por la frontera oriental de Argelia, para sublevar a las tribus en una guerra santa contra los infieles cristianos.
Acabo de cerrar la carta escrita a mi prima, la Sra. de Bondy, que como bien dices en tus cartas, a jugado un papel providencial en mi vida y particularmente en mi conversión y que para mí es como una madre. Te copio unas letras que la he puesto y que te pueden también iluminar: “¿Cuando se puede sufrir y amar se puede mucho, se puede el máximo del que se puede en este mundo. Uno sabe que sufre, pero no siempre sabe que ama y esto constituye un sufrimiento más! Pero uno sabe que querría amar y querer amar es ya amar. A uno le parece que no ama lo suficientemente, pero Dios que sabe de qué barro nos ha formado, y que nos ama mucho más que una madre puede amar a su hijo, nos ha dicho, Él que no miente, que no rehusará a quienes quiera venir a Él”.
Ahora, amigo musulmán de la otra banda del Mediterráneo, querría ir comentando algunas cosas de las cartas que me has enviado: No soy radicalmente anticolonialista, pues soy hijo de mi época. Lo que soy es ser radicalmente opuesto a toda injusticia. Es por eso, desde mi llegada al Sahara argelino, al oasis de Beni Abbés, lo más cerca posible de Marruecos, país que exploré cuando tenía veinticuatro años, cuando ningún europeo se había adentrado en él hasta entonces, disfrazado de judío y acompañado del rabí Mardoqueo, donde descubrí la hospitalidad de los hijos de Abraham; lo primero que hice es que mi casa fuera un lugar de acogida para los pobres, por eso la empezaron a llamar ”la Fraternidad”; denuncié la esclavitud y liberé a cuatro esclavos harratinos, mestizos entre árabes y negros; denuncié los abusos de los franceses y pedí buenos comerciantes, educadores, enfermeros, etc. Ahora mismo estoy entusiasmado por la posibilidad de que llegue a Tamanrasset el tren transsahariano, que puede ser una fuente de conexión y de desarrollo, etc. Y lo que es más importante: he hecho un diccionario tuareg-francés, y he recogido el material poético cantado en torno al fuego, etc. En esto, también como tú, me he sentido atraído por las artes, la música y lo historia del Islam. Pero, si Francia no cambia de actitud en relación con las poblaciones autóctonas, en un margen de cincuenta años se sublevarán y sacarán fuera a los franceses…
Me dices que a los catorce años dejaste la infancia de forma drástica debido a la muerte de tu madre y que de golpe, el silencio que te proporcionaba la serenidad dejó de existir. Y que después de la muerte de la madre tuviste un gran deseo de lecturas, tanto de literatura como de lucha armada o filosofía. Algo parecido me pasó a mí: A los quince años mi pensamiento racionalista se desarrolló y a los dieciséis perdí completamente la fe debido a las lecturas que hice entonces, cosa que me produjo un gran malestar interior, que intenté llenar por el desmadre y por el gusto refinado en la búsqueda de placeres. La muerte de mi abuelo fue un golpe definitivo para mí. Fui cada día de mal en peor.
Tú, amigo Dídac, describes muy bien esta situación: largas etapas de ansiedad y depresión… Todos los tópicos de la bajada a los infiernos sirven para describir estos años, me decías. Y te salvó el silencio. Para mí, empecé a remontar una vez que me reincorporé al ejército, después de haberlo abandonado y más tarde, una vez regresado al estado civil, me tuve que preparar para la exploración del Marruecos. Cómo tú también tuve que estudiar árabe y también hebreo, para poder conocer las costumbres de estas culturas. Y una vez en el Marruecos, el silencio de las noches, cuando trabajaba anotando los datos que recogía durante el día, y el sentido religioso de las personas que contactaba, las cinco veces de plegaria al día, la celebración del sabbath, me marcaron profundamente. La gran hospitalidad que recibíamos hizo que los árabes que antes combatía cómo soldado, pesaran de enemigos a amigos.
Me dices que tu atracción por el Islam se fue produciendo a lo largo de los años por un conjunto de reflexiones y experiencias dispares y radicalmente heterodoxas, donde la música jugó un papel importante, pues te diste cuenta de que la mayoría de aquellas musicas y culturas que tanto te llenaban compartían el vínculo con el Islam: desde el flamenco al hip hop, de Indonesia en Senegal. En cambio a mí, mi angustia vital y el impacto del Islam me llevó, un vez en París, a querer hablar y estudiar cuestiones religiosas, encontrándome con el testimonio de vida de mi prima y el padre Huvelin, un hombre hecho oración, que desde mi conversión a Dios se convirtió en mi padre espiritual, puesto que “desde el momento que creí en Dios, no he hecho otro cosa que vivir para Él”. Conversión a la filiación divina.
En enero de 1908, después de dos años de hambre y miseria en Tammarasset, compartiendo todas mis reservas de alimentos entre los pobres y los niños, tenía entonces cincuenta años, caí enfermo, no me podía mover y cuando creía que había llegado mi fin, los tuaregs recogieron leche de cabra y me salvaron. Este hecho significó para mí una nueva conversión, la conversión al hermano, a la fraternidad. Desde entonces se me cambió todo y mi único interés es amar a los hermanos. Ser hermano de todos. Comprenderlos y ayudarlos en la medida de mis posibilidades, pues estoy convencido de que Dios en su bondad acogerá en Cielo a todas las personas que han sido justas y buenas.
No sabes la alegría que me produce el que pienses que es Lluis Massignon quién te ha ido trayendo hacia el Islam. Los dos compartimos el mismo amigo, el que me hace pensar que te has decantado por la vía mística del Islam como el gran poeta místico sufí Hallaj, que tanto lo estudió Massignon. Quise que viniera a vivir conmigo con los tuaregs, pero tomó otro camino. Hablas de que más allá de tu pertenencia al Islam, has querido recuperar la dimensión espiritual y volver a un reconocimiento que te trascienda y te sitúe en un estado de atención y agradecimiento. Esto se lo principal, Dídac. El camino de la espiritualidad, el camino del Amor, es interno y tiene sus manifestaciones externas. Lo exterior es contingente, lo interior es eterno. La mística, la espiritualidad, la amistad y el amor se reúnen en la conciencia divina, que es el Amor. Y esto es un camino interior.
No dejes nunca de hacer silencio, amigo Dídac, que tanto bien hace a tu alma. Las noches pasadas en adoración en tierras del Islam, tanto a Beni-Abbés, como en Tamanrasset, como la ermita de la Asekrem, en el centro de las montañas del Hoggar, dan prueba de esto: En el silencio nacen grandes cosas.
Bendiciones para ti, tu familia y tu tariqa, estimado hermano musulmán.
Carles de Foucauld, Tamnrasset, 1 diciembre de 1916.

NOTICIAS Y COMUNICACIONES Nº 178
(9 de mayo de 2017)
Comunidad Ecuménica Horeb Carlos de Foucauld
http://horeb-foucauld.webs.com

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Ayuda y compromiso espiritual para la unión de los cristianos, el encuentro de las religiones y el compromiso con la justicia en el carisma de Carlos de Foucauld.

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