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CARLOS DE FOUCAULD, contemplación, ESPIRITUALIDAD, JORNADAS DE DESIERTO, NOTICIAS, TESTIMONIO, Uncategorized, VIVIR NAZARET

“Para que su vida no sea olvidada en Cuba” – Noticias y Comunicaciones nº 155

contemplacion
Nuestro hermano Carlos Ruiz de Cuba nos envía este escrito del P. Antonio Rodríguez Díaz, Rector del Seminario “San Carlos y San Ambrosio” sobre la hermanita Victoria, que reproducimos aquí por su valor testimonial.
“La conocí después del rezo de Vísperas en el Seminario en una noche del mes de Noviembre de 1972. Era yo seminarista y todavía recuerdo exactamente el lugar: En el corredor que conduce al comedor, junto a la baranda. Yo conocía de la existencia de los “Hermanitos de Jesús” y había leído el libro “En el corazón de las masas” de René Voillaume; pero no sabía de la existencia de la rama femenina de esa congregación. Algún seminarista me dijo: Es una monja. Venía vestida con el sencillo “hábito” obrero de las Hermanitas de Jesús: pantalones, blusón y pañuelo en la cabeza que dejó ver la cabellera delantera. Todo azul. Ya peinaba algunas canas. Tendría, al parecer, cerca de cincuenta años. Llevaba ‘a lo femenino’ hacia los pechos, un ejemplar del libro forrado –también de azul- de “En el corazón de las masas”. Era lo “único” religioso que había traído a Cuba en aquel viaje -su primero, después que las Hermanitas salieron en 1960- a fin de que no levantase “sospechas” en las autoridades de la aduana, pues este viaje era estrictamente de carácter familiar, gestionado por sus hermanos, bastante integrados en el proceso revolucionario. Ahora, algo muy importante, lo más –para mí- no lo percibí en ese encuentro: Su mirada.

Me parece que pasaron unos tres años, cuando la volví a ver. Venía a cuidar a su madre enferma. Esa fue la razón expuesta a las autoridades del Gobierno por su familia. Y era verdad. Había otra razón de parte de la Hermanita Victoria: Quedarse en Cuba para hacer presente a la Fraternidad, desde su carisma propio, la vida oculta de Jesús de Nazaret. Mejoró la salud de su madre, y esta graduada de Filosofía en Cuba, que había pasado cursos en París pidió limpiar pisos en el Hospital Oncológico de La Habana. La dirección del hospital no entendía cómo una universitaria quería limpiar pisos. Ella sí lo entendía muy bien. Sus hermanos de la Iglesia, conocedores de la espiritualidad de Carlos de Foucauld, también. Y así Victoria limpió pisos y consoló enfermos en el Oncológico hasta la muerte de su madre en 1981.

La “Reflexión Eclesial Cubana” (REC) comenzó en 1983 y en ella fue a trabajar con una gran ilusión, la de una persona que ama a la Iglesia y a Cuba. Por su gran capacidad intelectual, podía hacerlo a nivel de las reflexiones centrales, en la confección de los documentos. No fue así; trabajó mucho, de modo corporal hasta el cansancio, desde su espiritualidad de la vida oculta de Jesús: Escribió a máquina los stencyles de muchos de los documentos de la REC, y después, en el Arzobispado de La Habana, en los mimeógrafos siempre embarrados de tinta, con mecanismos que, no pocas veces, conllevaban un trabajo productor de desesperos, en la infraestructura manualística de la REC. Allí la vi en Mayo de 1984, y me percaté de su mirada, como no he visto en otra persona: limpia, transparente, penetrando con amor a la persona que tenía ante sí, pero sobre todo radiante de esperanza y esperanzadora. Esperanza en el renovado futuro del mundo, en el triunfo del bien. Esperanza en Cuba y en su Iglesia. Por eso dije antes que esto es lo más importante de la Hermanita de Jesús, Victoria.

Por esos días la visité en el apartamento de la Fraternidad en Marianao. Hablamos de la REC, de Cuba y de Martí. Le pregunté por qué hablaba con tanto amor de estas realidades; y me contestó: Porque “yo soy de la Generación del Centenario de Martí”. Esto me dio pie para preguntarle por lo que antes yo había oído: Su tránsito del marxismo a la Fe Cristiana. Ella había militado en la Juventud del Partido Socialista Popular. Con esta militancia fue a estudiar Filosofía a París. Allí fue alumna de Gabriel Marcel –filósofo existencialista católico- y tuvo como compañeros a muchos cristianos que le predicaron a Jesús.
De Francia regresó a Cuba cristiana y cautivada por las Hermanitas de Jesús que llegaron a fundar en Santiago de Cuba, en Julio de 1956, y con quienes fue a vivir en Septiembre de ese mismo año iniciando así su camino como Hermanita de Jesús. Sus compañeros de la Juventud Socialista la recibieron sorprendidos y extrañados. Por su parte, no hizo “abjuraciones” de su pasado socialista. Tampoco hizo gala, ni “propaganda” apologética de su conversión al cristianismo. No habló mal de sus compañeros del Partido. Hizo y vivió este tránsito, como sólo se debe vivir cristianamente, cuando ello ocurre, sin heridas ni espectacularidades, desde el amor y la serenidad que sólo puede provenir de una persona madura con una profunda vida interior en Cristo.

Pienso que la entrega y el sacrificio que animaron a Victoria a ingresar en la Juventud Socialista, pensando en trabajar por una Cuba y un mundo mejor, fueron los mismos que la animaron cuando descubrió a Jesucristo en el camino de su vida. Ella encontró en Él la plenitud de todo lo bueno que había conocido en el marxismo, y dio el paso hacia esa plenitud, dejando a un lado lo no compatible de la filosofía marxista con la fe cristiana. El valor de lo social, resaltado por las ideas socialistas, encontró en la espiritualidad y trabajo de las Hermanitas de Jesús su plena realización. Por eso hablo en ella de tránsito.

Murió en Matanzas, cuando ya agonizante la bajaron del tren en el que regresaba a La Habana. Viajaba sola, pero mejor: acompañada de aquellos viajeros a quienes no conocía. Estaba ‘en el corazón de las masas’. Era el día 1º de Noviembre, la Fiesta de Todos los Santos. Me parece que ese es el signo que Dios dio de su Sí a toda la vida de la Hermanita Victoria”.
Correo:rosetta@vrencuba.org

IVª JORNADAS DEL DESIERTO ON-LINE CON CARLOS DE FOUCAULD
Del 21 al 27 de Noviembre de 2016
TEMA: LA EVANGELIZACIÓN

Carlos de Foucauld, desde Nazaret donde hacía de sirviente del Monasterio de Clarisas de allí, escribe una carta al padre Jerónimo, fechada el 19 de mayo de 1898, donde, entre otras cosas dice: “Es necesario pasar por el desierto y permanecer en él para recibir la gracia de Dios: es en el desierto donde uno se vacía y se desprende de todo lo que no es Dios, y donde se vacía completamente la casita de nuestra alma para dejar todo el sitio a Dios solo. Los hebreos pasaron por el desierto, Moisés vivió en él antes de recibir su misión, san Pablo al salir de Damasco fue a pasar tres años en Arabia, vuestro patrón San Jerónimo y San Juan Crisóstomo se prepararon también en el desierto. Es indispensable. Es un tiempo de gracia. Es un período por el que tiene que pasar necesariamente toda alma que quiera dar fruto; es necesario este silencio, este recogimiento, este olvido de todo lo creado, en medio de los cuales Dios establece en el alma su reino, y forma en ella el espíritu interior, la vida íntima con Dios, la conversación del alma con Dios en la fe, la esperanza y la caridad. […] y es en la soledad, en esta vida a solas con solo Dios, en el recogimiento profundo del alma que olvida todo lo creado para vivir sólo en unión con Dios, donde Dios se da todo entero a quien se da todo entero a Él”.
La Comunidad Ecuménica Horeb Carlos de Foucauld organiza, como años anteriores, una Semana de Desierto on line, con textos de Carlos de Foucauld y miembros de la Familia Espiritual. Estas jornadas se hacen la última semana de noviembre, antes de celebrar el centenario de la muerte del hermano Carlos de Foucauld el 1º de diciembre. En concreto este año se realizarán entre los días 21 y 27. Pueden participar en estas jornadas todas las personas que lo deseen. El plazo de inscripción empieza el 15 de septiembre al e-mail de la comunidad:
foucauld.horeb@gmail.com

NOTICIAS Y COMUNICACIONES Nº155
(28 de septiembre de 2016)
Comunidad Ecuménica Horeb Carlos de Foucauld
http://horeb-foucauld.webs.com

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Acerca de Comunidad Horeb

Ayuda y compromiso espiritual para la unión de los cristianos, el encuentro de las religiones y el compromiso con la justicia en el carisma de Carlos de Foucauld.

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