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CARTA DE NUESTRO HERMANO VICTOR JOSÉ

cALRLOS DE F.

Queridas hermanas y hermanos de Horeb:
¡La paz de Cristo habite en vuestros corazones!
La Vida, sí, con mayúscula, nos va poniendo en el camino a las personas y los lugares que pueden ayudarnos a crecer un poco más en nuestra propia vida de fe; según el ritmo que tenemos en cada momento, según nuestra conciencia de pecado y salvación, nos va regalando de modo que Él pueda trazar sus pinceladas para que, desde nuestra libertad de hijos suyos, tengamos ocasión de mirar al Padre, de dejarnos moldear como la arcilla; al fin y al cabo, escribir nuestra personal historia de salvación.
Hoy, mientras escuchaba el Evangelio de la adúltera, me venían a la cabeza ciertas imágenes que vemos en la televisión: mujeres arrastradas, violentadas, tiradas en el suelo… en el suelo de Siria, de Grecia, de Europa. Me hacía pensar en aquella mujer arrastrada ante Jesús de Nazareth, señalada por aquellos prohombres de la religión y también de la política, imagino a Jesús acercándose a ella, arropándola con su brazo protector sobre sus humillados hombros, apartando los cabellos de su rostro vejado, pasando dulcemente su mano por la mejilla y diciéndole “mujer, yo tampoco te condeno, vete y no peques más”. Sí, meditaba sintiendo la caricia de Dios sobre nosotros; era lo más importante de hoy al escuchar este Evangelio: la caricia de Dios, de un Dios que comprende nuestros pecados, que nos ama en plenitud, que nos propone un camino de futuro en lugar de empujarnos al barrizal o a lo estático, que nos invita a perdonarnos a nosotros mismos, a acogernos tal y como somos.
Actualmente vivo un momento marcado por la enfermedad, en ella me encuentro unido a la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo, sé que tiene su fruto y por ello, como Santa Teresita de Lisieux en su momento, sé que puede ser útil a las necesidades de muchas almas como lo es para la mía; esta enfermedad me trae a la parábola del hijo pródigo, descubro que es un peregrinaje y me permite, como le ocurrió al hijo pródigo, descubrir que un día uno se adentra por caminos tortuosos, que se aleja de su esencia, que se aventura por sendas que van en contra de cuanto uno aprendió, de la cultura, de las creencias, de la naturaleza, en contra de cuanto uno creía ser; en mi caso, cambié un tesoro por relaciones dolorosas, un trabajo tóxico y decisiones erróneas que solo me dieron algarrobas y hambre, mucha hambre. En todo este tiempo hallé solo un consuelo y era saber que, aunque yo no orase, aunque me sintiese incapaz de balbucear una oración, había personas muy queridas que oraban y rezaban por mí como si de sus labios saliese mi plegaria, entre ellas mi madre que me ha recordado mucho a la vida de San Agustín de Hipona. Un día uno se halla con toda una suerte de circunstancias que propician la vuelta al interior, el regreso a mi interior, de aunar cuerpo y alma, entonces se hace el perdón y un gran Amor en silencio lo envuelve todo.
Cuando era niño, veía a mi abuela orar en la iglesia, a mí me encantaba acompañarla, nos sentábamos en el segundo banco –que era el que a mí me gustaba- y allí permanecía yo en silencio, absorto. Al inicio de la adolescencia un jesuita me enseñó a rezar la “Oración del Abandono” del Hermanito Carlos de Foucauld, durante mucho tiempo guardé aquella cartulina morada que marcó mi vida. Pasaron los años con todos sus ires y venires, y con los libros de René Voillaume, hasta que un día me encontré con Pepe Sánchez Ramos, iba con unos amigos a aquel encuentro Zen en Murcia, ¡qué rebotado salí, Dios mío! ¿Acaso necesitaba que un cura me explicase como rezar “en tibetano” y me interpretase a San Juan de la Cruz arrodillado con los ojos cerrados mirando cara a la pared? Como si la Iglesia no tuviese suficiente tradición mística… En fin, entonces y hoy he de pedirle perdón a Dios por mi altivez y he de rogarle que me ayude a menguar para que Él crezca en mí. Una semana después estaba yo en la Casa de Oración del Desierto de la Paz (Murcia) emprendiendo un camino de la mano del Hermanito Charles de Foucauld, lugar en el cual he pasado muy largas estancias. Y Dios me fue dando hermanos para el camino, soy muy trasto y a veces me pierdo.
Pero volvamos al día a día, que de lo otro ya habrá tiempo de hablar. Actualmente vivo con mi madre, es octogenaria y con problemillas de salud, en ella Dios me permite honrarle; estoy feliz de poder cuidarla como ella me cuidó de pequeño y, paradójicamente, me cuida en este tiempo; es una caridad compartida en este Nazareth que se vuelve camino de la Cruz, necesario para resucitar a nosotros mismos y a Dios, en el que como María aprendemos a guardar todas las cosas en nuestro corazón, sin dejar de descender a nuestros infiernos para ser rescatados por Él y así poder colaborar en su tarea salvífica entre quienes viven en tinieblas. Trabajo en una empresa ferroviaria, tóxica, en donde con otros compañeros y compañeras creamos un sindicato diferente que partiese de la madurez de las personas, solidario con los más necesitados. Mi vida de oración se realiza en gran parte en mi coche, capilla rodante camino del trabajo o de vuelta, otra parte tiene lugar a bordo del tren mientras trato con los pasajeros, ellos me hacen fácil la oración; dado que tengo tendencia a la vida en soledad y al silencio, estos se convierten en el marco de mi relación con Dios y con las personas, si bien es verdad que he tenido momentos de gran activismo. En la Parroquia algo colaboro en la Liturgia y en acompañar a un grupo de catequesis de adultos diocesano, también formo parte de quienes cubren los turnos descubiertos en la Capilla de la Adoración Perpetua en Gandía y es que si algo siento es que mi vida ha de girar en torno a la presencia Eucarística. Reconozco que mi oración, sencilla y callada, está en torno al Amor, resumida en dos palabras “Senyor meu i Deu meu” (Señor mío y Dios mío) con la base de la confianza de quien se pone en sus manos; tal vez con Él no use tantas palabras y mi adoración sea mirarle callado mientras Él me mira, casi todos los día le pregunto “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida, Tú nos amas y eres Fuente de Vida.
Caminar junto a vosotros y a vosotras es allanar el camino, seguir orando por la comunión en el Espíritu; aquí tengo la bendición de contar con la amistad del Pope ortodoxo-rumano (compartimos con ellos uno de los Templos de nuestra Parroquia católica y algunos momentos de oración y liturgia, haciendo realidad la práctica ecuménica), doy gracias a Dios por los monjes budistas con los que compartí tantos momentos de oración antaño y con los que descubrí que el nombre de Dios que nos unía era “Misericordia y Compasión”, así como por la experiencia en Taizé; solo cuando seamos capaces de abrir nuestros brazos a todos los hombres y mujeres como los abre Cristo en la cruz, la humanidad se volverá entera a Él. Creo que la mejor evangelización que podemos llevar a cabo es la de la amistad, la de la sonrisa a quien es extraño al mensaje de Jesús de Nazareth, la de una mirada limpia y el gesto sincero sencillo y oportuno. ¿Os imagináis poder decir esta noche “no ardía nuestro corazón”? Gracias por acogerme entre vosotros, no habéis comprado una perla pues no soy ejemplo de nada, pero con Jesús podréis obrar en mí el milagro de la conversión en el amor que enciende esa llama de amor viva que tiernamente hiere y enamora. Os pido que oréis por mí, no ya para que mi enfermedad de cuerpo sane, eso el Señor sabe que con una sola palabra suya basta, sino para que aprenda a abandonarme en sus manos y acepte con alegría su voluntad.
Os doy las gracias por aceptar mi compromiso privado que realizaré en la Noche de Pascua, uniéndome de este modo y por vez primera a la comunión de los santos, a la comunión en la oración, con todos y cada uno de vosotros y de vosotras unidos en el Hermanito Carlos de Foucauld en este camino ecuménico dentro de la espiritualidad de Nazareth y del Desierto, en la construcción del Reino de Justicia, de Paz y de Amor, anunciándolo con alegría resucitada.
Vuestro pequeño hermano en el Camino,
Víctor-José, trece de marzo de 2016 – V Domingo de Cuaresma.

NOTICIAS Y COMUNICACIONES Nº 136
(13 de marzo de 2016)
Comunidad Ecuménica Horeb Carlos de Foucauld
http://horeb-foucauld.webs.com

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Acerca de Comunidad Horeb

Ayuda y compromiso espiritual para la unión de los cristianos, el encuentro de las religiones y el compromiso con la justicia en el carisma de Carlos de Foucauld.

Comentarios

3 comentarios en “CARTA DE NUESTRO HERMANO VICTOR JOSÉ

  1. Hermosa reflexión, me a hecho mucho bien leerla y meditar sobre esas palabras. Esteré rezando por usted.

    Publicado por agueda acevedo | 13/03/2016, 23:10
  2. Reblogueó esto en maragomezcejasy comentado:
    me encantó….gracias…

    Publicado por maragomezcejas | 14/03/2016, 15:57
  3. La carta de Victor José, carta preciosa de una gran profundida, tiene varias facetas que me hacen recordad cosas para bien mío y acogerme, como el hermanito Carlos, PADRE MIO, ME ABANDONO EN TÍ, HAZ DE MI LO QUE QUIERA,

    Publicado por Maria Barea Cantarero | 21/03/2016, 01:05

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