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JESÚS VIVIÓ UNA ESPIRITUALIDAD POLÍTICA – NOTICIAS Nº125

jesucristo-de-cerezo-barredo“Yo era galileo e hijo de un artesano. Mi pequeña patria era Galilea la rebelde, en el corazón de un país dominado por el Imperio Romano, sometido al control político y al expolio económico. Sabía muy bien de qué hablaba cuando describí a los romanos como “jefes de las naciones” que gobiernan los pueblos como “señores absolutos” y los “oprimen con su poder” (Mc 10, 42)
La mayoría de mis vecinos malvivían trabajando la tierra (que en muchos casos no era suya) y por sus frutos también tenían que pagar impuestos. Otra parte de la población, la que vivía cerca del lago de Galilea, se dedicaba a la pesca. Su situación económica no era mejor que la de los campesinos, porque también estaban controlado por los recaudadores de Herodes Antipas, que imponían tributos, impuestos, diezmos y tasas sobre derechos de pesca y utilización de los embarcaderos. La carga total era abrumadora. A muchas familias se les iba en tributos e impuestos un tercio o la mitad de lo que producían o pescaban.

La construcción de las ciudades de Séforis y TIberíades hizo más grande la brecha económica: yo fui testigo del crecimiento de la desigualdad que favorecía a la minoría privilegiada de estas ciudades, lo que provocaba más inseguridad y pobreza y la desintegración de muchas familias campesinas. Creció el endeudamiento y la pérdida de tierras de los más débiles. Los tribunales de las ciudades pocas veces apoyaban a los campesinos. Aumentó el número de indigentes, jornaleros y prostitutas. Cada vez eran más los pobres y hambrientos que no podían disfrutar de la tierra regalada por Dios a su pueblo.

PALESTINOS
Viendo y sufriendo esa realidad, especialmente después de la experiencia del Jordán y de saberme de un modo nuevo hijo y hermano, formando parte de la misma realidad de Dios (Jn 10,30, 14,10-11)
y de la humanidad (Mt 25, 40,45) ya no podía seguir igual: había llegado el momento de empeñar mi vida, enredarla para siempre entrando de lleno en lo que experimenté como proyecto de Dios: acoger su amor incondicional y compasivo, dejarme transformar por él, y empeñar la vida en hacer verdad la filiación y la fraternidad, es decir, acoger el Reino de Dios.
Mi gran pasión fue hacer comprender a mi gente esta radical novedad: no se trataba de hacer penitencia, guardar ayunos y prescripciones, ir al templo o cumplir la ley sino de entrar en la dinámica del Reino de Dios que ya está entre nosotros, acoger la alegría y la sorpresa de Su amor increíble a cada uno de sus hijos e hijas, a cada realidad[4]. Eso transformará el corazón.
Pero eso no lo podía hacer yo sólo, necesitaba generar un movimiento de hombres y mujeres del pueblo que conocieran bien su sufrimiento para ayudar a los demás a tomar conciencia de que había llegado la hora de acoger el Reinado de Dios.
Desde el primer momento me rodeé de amigos y amigas y poco a poco los fui “enredando” queriendo contagiarles la misma pasión: el Reino de Dios ya está aquí, hay que acogerlo y hacerlo verdad. Yo intenté pasar por la vida haciendo el bien, curando, liberando, así lo recogió más tarde Lucas en el capítulo 15.
Fueron muchas las personas que acogieron mis palabras, se entusiasmaron y de muchas maneras apoyaron mi actividad. Unas ofrecieron acogida en sus casas: eran grupos de apoyo para mí y para quienes me seguían como itinerantes. Otros abandonaron sus familias para compartir mi vida y predicación. A unos los fui llamando uno a uno[6], otros vinieron por invitación[7], otras, como María de Betania[8] , me pidieron hacerse discípulas mías… poco a poco la red crecía y a mí se me llenaba el corazón de nombres y de alegría.

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Algunos y algunas de esas personas compartieron mi vida itinerante, y puse mucho empeño en ir acompañando, educando y enseñándoles a orar a Dios como Abba, iniciándolos en la predicación y sobre todo ayudándoles a comprender que acoger el Reino de Dios pasaba por dejarnos enredar en esa dinámica de transformación del corazón. Yo lo fui aprendiendo y viviendo y por eso lo proclamé con fuerza: “Nada de lo que entra enla persona puede mancharla. Lo que sale de dentro es lo que contamina” (Mc 7,15). La urgencia primera por tanto no era la purificación externa sino la de consentir que nuestro corazón se vaya dejando configurar por ese amor incondicional de Dios y por tanto vaya siendo cada vez más bueno y compasivo, igual que el suyo (Lc 6,36; Mt 5,48).
Un corazón que renuncia a la violencia(Mt 5, 21-24; 43-45). La dinámica “del ojo por ojo” estaba muy arraigada entre mi gente ¿cómo hacerles entender que esa conducta es destructiva y no es coherente con el proyecto de Dios de aprender a vivir lo que somos: familia, relación, vínculo indestructible? Lo primero era vivir dentro de mi corazón la renuncia a toda agresión, aprender a vencer al mal a base de hacer el bien y después hablarles claro y de un modo provocador: “si alguien te abofetea en una mejilla ofrécele también la otra, al que te quita la capa dale también el manto…Amad a vuestros enemigos…” porque así es Dios “que hace salir el sol sobre buenos y malos”(Mt 5, 38-45; Lc 6,27,31).

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Yo quería comprometer a mis seguidores y seguidoras en la misma pasión que a mí me quemaba dentro: transformar nuestra persona para poder transformar nuestra sociedad, nuestro mundo, nuestra tierra… en una gran familia que vive la seguridad del amor incondicional del Dios Madre-Padre y que va haciendo verdad en la historia la fraternidad y la sororidad con toda la vida. En definitiva, contagiar a esas mujeres y hombres mi pasión por Dios y por los que peor lo estaban pasando.
Sabía muy bien lo que eso suponía en la sociedad injusta y violenta de mi tiempo, cuando los fui llamando, invitando y aceptando para enredarlos en esta apasionante pero ardua tarea; era consciente del precio que tendríamos que pagar, de lo difícil que iba a ser ir empeñando nuestra vida y enseñando a los demás a caminar no en la dinámica del odio, la violencia, la prepotencia y el egoísmo … sino en la de la compasión, el cuidado y la bondad…sin dejar de denunciar las injusticias, de desenmascarar las mentiras, la inhumanidad de vivir indiferentes al sufrimiento de las grandes mayorías del pueblo.
Junto a mis seguidores y seguidoras fuimos recorriendo Galilea, en la situación que vivía mi pueblo mi actividad en medio de sus aldeas y mi mensaje del «reino de Dios» representaban una fuerte crítica a aquel estado de cosas.

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Mis palabras y hechos denunciaban esa injusta situación: mi firme defensa de los pobres, excluidos y hambrientos, mi acogida preferente a los últimos de aquella sociedad, mi clara denuncia y condena de la vida suntuosa de los ricos de las ciudades fue un desafío público al programa socio-político que impulsaba Herodes Antipas, que claramente favorecía los intereses de los más poderosos y hundía cada vez más en la miseria a los más débiles.
Muchas veces mis discípulos no me entendían e incluso se asustaban de mis palabras(Jn 6, 60-66), eran muy conscientes, en ese contexto, de cómo podía resonar la parábola del mendigo Lázaro y el rico Epulón, que vive fastuosamente ignorando a quien muere de hambre a la puerta de su palacio(Lc 16,19-31);  el relato del terrateniente insensato que solo piensa en construir silos y almacenes para su grano(Lc 12,16); la crítica severa que hice a quienes atesoran riquezas sin pensar en los necesitados (Lc 16,13; Mt 6, 24-27), mis insensatas proclamas declarando felices a los indigentes, los hambrientos y los que lloran al perder sus tierras (Lc 6, 20-21).
También dirigí muchas de mis exhortaciones a quienes me seguían para invitarles a compartir la vida de los más pobres de aquellas aldeas y caminar como ellos, sin oro, plata ni cobre, y sin túnica de repuesto ni sandalias (Mt 10, 9-10). Compartía con ellos mis llamadas a ser compasivos con los que sufren y a perdonar las deudas (Lc 6, 36-38) , a no buscar el poder ni los primeros puestos (Mc 10, 35-45) , y que de una vez por todas entendieran que el que sirve y es el maestro lava los pies y que salvar su vida era arriesgarla y entregarla (Lc 15, 8-10)… y tantas otras palabras y hechos con las que pretendía expresar la denuncia de un modo de vivir que con la llegada del Reinado de Dios estaba llamado a desaparecer.

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Yo quería anunciar con pasión que el sufrimiento de mi pueblo y él de todos los pueblos tenía que dar paso a un mundo nuevo, más justo y fraterno, donde Dios pudiera reinar como Padre; y eso suponía que habíamos aprendido a vivir como hijas e hijos, hermanos y hermanas.
El hecho de enredarnos en la tarea de curar, sanar, aliviar, enderezar, perdonar, denunciar…en nombre del Dios del amor y la misericordia tenía que ser una buena noticia también para nuestra nueva familia. No se trataba de cumplir unas obligaciones sino de darnos cuenta de que habíamos encontrado el tesoro escondido y por ello la alegría de ese encuentro había que celebrarla como lo hacían las personas de mis parábolas, la mujer que encuentra la moneda (Lc 15, 8-10), el pastor que encuentra la oveja (Lc 15, 1-7). No era tiempo de ayuno sino de celebrar la fiesta del amor, como lo hacen los novios (Mc 2, 18-19).

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Ha llegado el momento de despedirme después de compartir mi experiencia con cada una de las personas que habéis hecho este itinerario. Ahora ya sólo me resta animaros de todo corazón a enredar vuestras vidas en proyectos de sentido que hagan este mundo más justo y más fraterno. Apasionaros como yo por ayudar a dar a luz este mundo nuevo que aguarda vuestra colaboración.
Aún es de noche, hay tormentas, se levantan muros de exclusión pero también es verdad que ya apunta el amanecer de un mundo nuevo, que el arco iris de la paz va uniendo países y rompiendo fronteras y que cada vez hay más personas enredadas en hacer verdad lo que somos: una familia, una Red de Relaciones, Unidad.
Yo, Jesús de Nazaret, un hombre que creí que merecía la pena “enredarse” e invitar a otras personas a “enredarse” para colaborar en el emerger de un mundo nuevo.

UN NUEVO REGALO DE REYES PARA LA COMUNIDAD HOREB

El día de la Epifanía del Señor, nuestra hermana Ampa, que reside en Moncada (Valencia) hará su compromiso con la Comunidad Ecuménica Horeb Carlos de Foucauld. Todos nos alegramos, pedimos por ella, damos gracias al Señor y agradecemos este Regalo de Reyes. FELICIDADES!!!

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NOTICIAS Y COMUNICACIONES Nº 124
(4 de enero de 2016)
Comunidad Ecuménica Horeb Carlos de Foucauld
http://horeb-foucauld.webs.com

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Acerca de Comunidad Horeb

Ayuda y compromiso espiritual para la unión de los cristianos, el encuentro de las religiones y el compromiso con la justicia en el carisma de Carlos de Foucauld.

Comentarios

2 comentarios en “JESÚS VIVIÓ UNA ESPIRITUALIDAD POLÍTICA – NOTICIAS Nº125

  1. Es un hermoso texto y resume nuestra opción cristiana en el seguimiento de Jesús y Dios bendiga la opción de la hermana en la comunidad Horeb

    Publicado por Julio | 05/01/2016, 06:06
  2. Estoy naturalmente de acuerdo, contagiado de esta “locura” divina…que, se propaga por contagio, más que por lo que uno diga, pero esa es la levadura que puede cambiar el mundo desde el interior, para que el sol salga para todos y, de veras veamos como la bondad del Creador nos atañe, consentida su mirada misericordiosa.

    Publicado por Joan Taltavull | 05/01/2016, 17:46

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