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El diálogo interreligioso, antídoto al “odio fanático del terrorismo” (Papa Francisco) Boletín Ecuménico nº 63, noviembre 2015

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El Papa Francisco está convencido que el único antídoto contra el fundamentalismo violento es el diálogo interreligioso y la unión de los líderes espirituales del mundo a favor de una paz duradera que evite el exilio forzado de las minorías étnicas y religiosas, especialmente de los cristianos, de Oriente Medio, Irak y Siria.
Así, el próximo miércoles 28 de octubre en la plaza de San Pedro, el Pontífice presidirá una audiencia general interreligiosa con motivo de la celebración del 50 aniversario de la promulgación del decreto conciliar sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas, Nostra aetate, aprobada el 28 octubre de 1965.
En este contexto, el Papa Francisco es consciente de “la grave situación” en Siria e Irak, tierras apaleadas “por el odio fanático del terrorismo que sigue causando una fuerte hemorragia de fieles que salen de la tierra de sus antepasados, donde crecieron profundamente arraigados en la tradición”.
Las palabras del Papa se enmarcan en la audiencia de este lunes 26 de octubre a los miembros de la Iglesia católica Caldea, que tiene sede en Irak y extiende su territorio a Siria, quienes participaron en los trabajos del Sínodo ordinario sobre la familia en el Vaticano del 24 al 29 de octubre.
El Papa acogió con “alegría” y “agradecimiento” a “Su Beatitud el Patriarca Louis Raphael I Sako” que encabezó la comitiva. Así, aprovechó la ocasión para dirigir sus palabras de solidaridad a “los habitantes de las amadas tierras de Irak y Siria, en un momento particularmente delicado y sufrido”. “Pueda la misericordia de Dios, en la inminencia del Año Jubilar, sanar las heridas de la guerra que asolan el corazón de su comunidad, para que nadie se desanime en este momento, en el que el clamor de la violencia parece superar las oraciones sinceras por la paz”.
La amenaza de la presencia cristiana debido al fundamentalismo armado
Una situación que “sin duda”, está socavando “las raíces de la vital presencia cristiana en la tierra que ha visto comenzar el viaje del patriarca Abraham”. De ahí, que evocó las “voces de los Profetas, que dieron esperanza a Israel durante el exilio”, la fundación de “las primeras Iglesias sobre la sangre de tantos mártires, testimoniar la plenitud del Evangelio, hacer crecer las sociedades con la propia contribución, durante siglos de pacífica convivencia con nuestros seguidores del Islam. Desafortunadamente, en cambio, nuestros tiempos están marcados por innumerables ejemplos de persecución, hasta el martirio”.
Por tanto, confirmó, ahora más que nunca, todo el apoyo y la solidaridad de la Sede Apostólica en favor del bien común de la Iglesia caldea. Pido a Dios para que los cristianos no se vean obligados a abandonar Irak y Medio Oriente – “Pienso especialmente a los hijos y las hijas de la Iglesia, con su rica tradición”.
El Papa exhortó a la Iglesia caldea a trabajar por la “unidad” en todas las provincias de Irak, favorecer “el diálogo y la colaboración entre todos los actores de la vida pública, contribuyendo a sanar las divisiones e impidiendo que surjan otros”.
La Comunidad Internacional
Asimismo, invitó a la Comunidad Internacional para que sepan adoptar estrategias que promuevan la paz en países “terriblemente devastados por el odio”. De esta manera, invitó a alimentar un clima de “reciproca convivencia”.
En el discurso, de nuevo, confirmó lo dicho durante el 50º aniversario de la institución del Sínodo de los obispos que la “única autoridad” en la Iglesia “es la autoridad del servicio”, el “único poder es el poder de la cruz”.
El Papa presentó la imagen del buen pastor para invitar a la Iglesia caldea a animar en la fe a los fieles y a los sacerdotes incluso hasta “abajarse” y “desnudarse de sí” para llevar a la plena comunión. “Les invitó a ser paternos con los sacerdotes y con todos los consagrados”. Al final, incitó a los pastores caldeos a seguir su compromiso pastoral con “espíritu misionario” y trabajar por la pacificación y el dialogo.
Una respuesta pacífica al odio
Por ello, la audiencia interreligiosa de este miércoles deseada por el Papa Francisco y la celebración de la aprobación del documento Nostra aetate (el 28 octubre de 1965), hacen parte de la misma respuesta pacifica y conciliadora de la Iglesia a la violencia y el terror de nuestros días.
ARY WALDIR RAMOS DÍAZ –Aleteia 27 OCTUBRE, 2015

El diálogo interreligioso, camino de transformación interior.

El encuentro interreligioso transforma a quienes se comprometen decididamente con él. No todas las formas de diálogo entre las religiones exigen tal entrega, pero cuando una persona de una tradición religiosa acoge el testimonio de otra tradición en el interior de su propia vida espiritual, se puede sentir interpelada profundamente y, en efecto, transformada. Se trata entonces de lo que Raimon Panikkar ha llamado ‘diálogo intrareligioso’. Es necesario señalizar este camino, todavía poco transitado. El presente documento ha sido elaborado para contribuir a ello. Ha sido realizado por un grupo de personas a lo largo de un coloquio organizado en Bruselas en mayo de 2014. Llegados de una quincena de países europeos y de más allá, así como de varias Iglesias cristianas, se expresan en él como personas cristianas. Las personas y comunidades de otras tradiciones espirituales expresarán, por su parte, reflexiones a la vez comparables y originales: tal es la convicción y la esperanza que inspira nuestra experiencia de diálogo y que avaló la presencia en el coloquio de algunas personas invitadas ligadas a estas tradiciones. Las reflexiones y sugerencias reunidas aquí se inscriben en el movimiento de apertura de las Iglesias cristianas a otras tradiciones espirituales, mientras que a la vez están atentas a los gestos de apertura de estas otras tradiciones (en especial budistas e hindúes). Se basan en las declaraciones oficiales hechas por las Iglesias en los últimos años. Hemos recogido los testimonios de los pioneros y compartido nuestras propias experiencias para concretar, en primer lugar, en qué consiste este tipo particular de diálogo interreligioso. Luego hemos identificado los riesgos que conlleva, a fin de determinar las condiciones exigidas para que este encuentro respete a todas las partes. Finalmente ha sido posible señalar las interpelaciones y frutos de este diálogo.
A. ¿Qué es el “diálogo intra-religioso”?
El diálogo intra-religioso es en primer lugar un diálogo inter-religioso: un encuentro explícito entre personas ligadas a dos o más religiones, que esperan recibir de las demás algo significativo con relación al misterio que lo anima todas las cosas y a todas las personas. El espacio abierto por el diálogo permite la acogida del otro, que se convierte en una interpelación para quien ha tomado la iniciativa. De esta manera el diálogo se interioriza y suscita tanto una transformación interior como una profundización. Es el desarrollo silencioso, en cada una de las personas participantes, del encuentro y del descubrimiento que han vivido. Esto implica la toma de consciencia de una interacción entre dos coherencias religiosas y espirituales en el interior de la propia vida espiritual. Se trata, por lo tanto, de un camino que aspira a conciliar arraigo y apertura.
B. Dificultades y retos

Si bien abre paso a una aventura apasionante, el diálogo intra-religioso va acompañado de cuestionamientos, a veces dolorosos. Por eso es tan necesario estudiar las condiciones que esta práctica exige. De hecho las personas que no lo han experimentado, o que lo han experimentado en malas condiciones, lo perciben como una amenaza para su identidad cristiana. Además, en ciertos ambientes eclesiales este diálogo suscita incomprensión e incluso suspicacia. Pero el diálogo intra-religioso también reta al cristiano a repensar los grandes temas de la fe. Este reto interpela de modo especial al teólogo. ¿Hasta dónde puede llegar un cristiano comprometido en la vía del diálogo intra-religioso en la reformulación de las doctrinas cristológicas? ¿Cómo se percibe la acción del Espíritu Santo en las otras espiritualidades? En todos los ámbitos se plantean cuestiones fundamentales.
C. Condicioness necesarias y factores favorable

En cualquier caso, el diálogo no se improvisa. Hace falta cuidar y verificar la coherencia del camino. El diálogo a este nivel es ante todo la respuesta a una llamada de Dios. Es esencial tomar consciencia de esto: es la primera condición que hay que verificar si uno se quiere comprometer en este camino. Como se ha podido ver en los pioneros del diálogo, este encuentro interreligioso no surge como capricho personal sino como una aspiración profunda, a la que se está dispuesto a responder. Es un acto de fe que busca encontrarse con la fe del interlocutor. Se vive siempre explícitamente en comunión con toda la Iglesia. Hace falta, pues, verificar constantemente la motivación que nos lleva al encuentro. Esta debe ser purificada de toda búsqueda de provecho inmediato, incluso espiritual. A la vez, paradójicamente, ha de ser sostenida por la esperanza de recibir un don de nuestro interlocutor.
El entorno de este diálogo a menudo es determinante. De todos modos, muchos factores y circunstancias favorecen el desarrollo de un encuentro en profundidad: la amistad, situaciones interculturales como, por ejemplo, los matrimonios mixtos, las estancias en el extranjero, la práctica de la meditación silenciosa, una experiencia de no-dualidad, la visión de un gran maestro espiritual, las obras de arte, los lugares sagrados o las peregrinaciones. Así y todo, es deseable que se multipliquen los lugares abiertos al encuentro intra-religioso; lugares en los que compartir descubrimientos, confrontar experiencias y, también, realizar el discernimiento necesario. Pues hace falta asegurarse siempre de que los maestros que ofrecen el encuentro con sus tradiciones sean efectivamente testigos fiables.
Además es aconsejable encontrar buenos testigos del encuentro intra-religioso e inspirarse en ellos por otra parte sin imitarlos. Es muy conveniente dejarse acompañar por una persona experimentada en este camino. Entre las circunstancias más favorables para profundizar en el diálogo, hay que anotar en primer lugar la oración –o al menos la experiencia de unirse al otro en el movimiento profundo de su oración. Pero, hablando más en general, hay que mencionar además todas las situaciones que permiten vivir una experiencia de comunión con un creyente de otra tradición: trabajar juntos, leer juntos textos sagrados de unos y otros, recibir y ofrecer hospitalidad, sobre todo en lugares significativos, como lo han podido hacer algunos monjes y monjas (¡y muchos otros!). Señalemos por fin la necesidad de clarificar y sopesar, en los intercambios verbales, el sentido de conceptos clave como: religión/espiritualidad, interreligioso/intrareligioso, oración/meditación, experiencia, verdad, alteridad, sincretismo, pues si no se evitan los malentendidos, el diálogo termina en confusión.
Por otra parte, conviene precisar cuáles son las disposiciones interiores que permiten involucrarse en un diálogo en el ámbito de la experiencia espiritual.
En la base de todas ellas está la madurez espiritual, el arraigo en la propia tradición, es decir, no solo un buen conocimiento de la propia tradición, sino una verdadera experiencia de fe, alimentada en la oración. Entonces está asegurada la capacidad de evolucionar y cambiar, sin riesgo de tener que comprobar que se desnaturaliza la propia fe. Esta madurez se expresa también en la humildad, tanto en la relación interpersonal como en las exposiciones doctrinales. Efectivamente, es importante reconocer los límites de las formulaciones doctrinales, a la vez que se es sensible a su importancia como transmisoras de verdad. Esta humildad es fuente de libertad y audacia, porque se basa en la verdad vivida y experimentada en la oración.
D. Algunos frutos del diálogo intra-religioso
Vivido con humildad, el diálogo intra-religioso lleva a su vez a una profundización de la propia fe. Pone en marcha un proceso de despojamiento, de transformación y finalmente de unificación, cuando al término de una experiencia de cuestionamiento permite recobrar lo esencial de la fe cristiana y llegar al corazón de la propia tradición. Al ayudar a repensar hoy la fe cristiana, el diálogo ofrece la posibilidad de una renovación en la manera de vivir los ritos y de exponer el mensaje evangélico. El diálogo intra-religioso nos invita, además, a redescubrir la dimensión del misterio, la importancia de lo no discursivo y del silencio. Invita a redescubrir a los místicos. Anima a emprender una oración que va más allá de palabras y conceptos. El diálogo intra-religioso dispone a redescubrir la tradición apofática. Manifiesta la relatividad de las palabras que se utilizan para expresar la propia experiencia espiritual.
Constatamos que la práctica del zen, o de otras formas orientales de meditación, contribuye al redescubrimiento de esta tradición cristiana. Se constata que el diálogo interreligioso puede llevar, en ciertas circunstancias, a una oración vivida conjuntamente. Por otra parte, este contacto con otras tradiciones, en especial con las orientales (yoga, prácticas taoístas, meditación budista…) invita a descubrir o a redescubrir el cuerpo como lugar de espiritualidad. Nos invita a volver a enlazar con una antropología que enfatiza el papel del cuerpo en el camino espiritual. Al hacerlo permite volver a conectar con respeto y de manera más justa con la naturaleza. Estas enseñanzas y prácticas ayudan a acoger nuestras fragilidades, lo cual, al mismo tiempo, refuerza la humildad. Apuntemos incluso que el diálogo intra-religioso invita a reconocer la acción del Espíritu más allá de la Iglesia. Permite superar una visión de la Iglesia demasiado institucional y centrada en sí misma, una visión que corre el riesgo de separarnos de las verdaderas interpelaciones del mundo actual en su diversidad.
E. El futuro del diálogo intra-religioso
Quedan muchas cuestiones por aclarar. En efecto, el camino “de la fe a la fe” es muy reciente. Hasta hace poco era inimaginable y estaba incluso prohibido; hoy día todavía suscita reticencias en muchos creyentes. Pero estamos persuadidos de que la apuesta por esta vía es determinante para las relaciones interreligiosas y el diálogo entre diferentes convicciones. El futuro de la humanidad depende, en efecto, de nuestra capacidad de dialogar o al menos de negociar entre personas muy diferentes y con intereses confrontados.
Todas las formas de diálogo son básicas, tanto en el nivel concreto de la vida cotidiana como en el de la colaboración interreligiosa o de la confrontación explícita y respetuosa de las diferencias. Pero pensamos que, en concreto, el diálogo en el ámbito de la experiencia espiritual es esencial para el futuro de las religiones. En efecto, si un encuentro en el nivel más profundo, donde todos los creyentes se saben superados por el misterio, si tal diálogo resultara imposible, todo el edificio del diálogo se vería debilitado, y en realidad amenazado de ruina. Todas las religiones están llamadas hoy a encontrarse en el nivel más esencial, como de hecho fue posible en Asís, en 1986.

Por otra parte, nos alegra constatar que algunas personas que practican ciertos métodos espirituales de las tradiciones religiosas solo con fines terapéuticos, encuentran en ellos una ayuda valiosa. Es el caso, por ejemplo, de la meditación de “consciencia plena” (mindfulness). Pero para asegurar el buen desarrollo de un diálogo en el ámbito de la experiencia espiritual nos sigue preocupando que ninguna tradición espiritual sea instrumentalizada y reducida a técnicas sicosomáticas. ¡Somos muy conscientes de no ser poseedores de un privilegio reservado a los “espirituales”! Reconocemos que otros también están en camino, en particular personas cuyo arraigo religioso es débil o inexistente. Nos alegra descubrir que estas personas sin compromiso religioso, que sin embargo adoptan prácticas elaboradas en las religiones para progresar en su búsqueda, llegan igualmente a experiencias espirituales remarcables. Pero como nuestro coloquio tuvo lugar entre personas cristianas, no nos es posible ni parece necesario extendernos en esta cuestión.
En conclusión, debemos reconocer que el encuentro en este nivel no ha hecho más que empezar. Los pioneros han abierto una brecha, pero quedan muchas cuestiones por aclarar. El diálogo intra-religioso no está reservado a los monjes y monjas o a los religiosos y religiosas. Toda persona cristiana está invitada a vivir sus encuentros interreligiosos y entre convicciones, si las circunstancias se lo permiten, en este nivel. De esta manera puede hacer una aportación esencial a la vida de las Iglesias, contribuyendo a desarrollar su vocación de servir a la fraternidad universal.
Las sesenta personas participantes que habían sido invitados tenían experiencia concreta de diálogo. Quince de ellos eran además miembros de comisiones de diálogo interreligioso monástico (DIM). A lo largo de este encuentro se evocaron algunas grandes figuras emblemáticas del diálogo intra-religioso, como Raimon Panikkar, Edmond Pezet, Vincent-Shigeto Oshida, Keiji Nishitani y Henri Le Saux. Las comunicaciones principales fueron pronunciadas por Swami Amarananda, Jean-Claude Basset, Bettina Bäumer, Fabrice Blée, Christophe D’Aloisio, Pierre de Béthune, Bernard Durel, Henri Hyusegoms, Shafique Keshavjee, Claire Ly, Jacques Scheuer, William Skudlarek y Bernard Stevens. Las personas participantes en el coloquio, repartidas en grupos de diez en seis talleres, se volvían a reunir después de cada comunicación para un intercambio de impresionas y para reflexionar sobre los elementos esenciales que se detectan como constitutivos del diálogo intra-religioso. Ningún texto puede reflejar la rica diversidad de testimonios y de reflexiones compartidas a lo largo de las jornadas. A pesar de ello hemos intentado recoger aquí lo esencial. Las personas participantes desean compartir el fruto de estas jornadas.
(Traducción de Zendo Betania a partir del original francés aparecido en http://www.voiesorient.be)
Boletín Comunidad Ecuménica Horeb Carlos de Foucauld
Nº 63 NOVIEMBRE 2015
http://horeb-foucauld.webs.com

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Ayuda y compromiso espiritual para la unión de los cristianos, el encuentro de las religiones y el compromiso con la justicia en el carisma de Carlos de Foucauld.

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