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JUSTICIA SOCIAL, Uncategorized

¡UN ESCRACHE, POR DIOS!

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La historia y la experiencia nos advierten que las malas prácticas de gobernantes civiles o religiosos suelen ser muy similares. Un ejemplo muy ilustrativo puede ser esa sarta de privilegios asociados —no sabe uno por qué— a los altos mandatarios y que se traducen luego, una vez concluido el mandato, en pensiones escandalosas, exenciones judiciales injustificables, puertas giratorias bien engrasadas, consejerías ocultas, etc. No es difícil encontrar esto en exjefes de Estado y de Gobierno, en quienes detentaron ministerios o representación parlamentaria, en exmagistrados y exmagistradas, en exaltos cargos militares, etc. Se trata de una de las mayores causas del parasitismo social y de creación de castas que está negando abiertamente la igualdad en las personas y vaciando de contenido la democracia.

Y la ciudadanía, entre tanto, conocedora de este comportamiento discriminatorio, no suele ir más allá de la indignación y de las gruesas palabras. ¿No sería más productivo entrar en el fértil terreno de la rebeldía y de la acción política para transformar las cosas?

Viene muy a cuento todo esto por cuanto el mismo ámbito eclesiástico, principalmente en su sector episcopal, no parece estar ajeno a estas malas prácticas. Y no es necesario salir de España y llegar al Vaticano para encontrarlas. El evangelista Marcos, seguido de cerca por Mateo y Lucas, las descubrió ya muy temprano en la naciente Iglesia y recuerda la enérgica respuesta de Jesús ante el afán discriminatorio de los hermanos Zebedeos: “Sabéis que los jefes de las naciones las dominan y que los grandes les imponen su autoridad. No será así entre vosotros; al contrario, el que quiera hacerse grande sea servidor vuestro y el que quiera ser primero sea siervo vuestro. Igual que el Hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir…” (Mc 20). Pero esta contundente respuesta de Jesús, que según la exégesis concentra en el servicio a las demás personas toda la ética y la práctica cristiana, no parece haber calado muy hondo en algunos sectores eclesiásticos.

La figura del cardenal Rouco Varela puede ser, a este propósito, un buen ejemplo. Si las informaciones son ciertas —y hasta la fecha nadie las ha desmentido— el cardenal Rouco Varela, después de más de seis meses de dejar el cargo, se ha mudado desde el palacio arzobispal a un piso en la calle Bailén, al lado de la catedral de la Almudena. El piso es en realidad un ático de 370 m2 que cuenta con seis habitaciones, dos de servicios, cuatro cuartos de baño y una amplia terraza. Le acompañan en este viaje, entre otros detalles de no menor importancia, dos religiosas, un secretario personal y un coche nuevo. Según las informaciones públicas, la adaptación de este lujoso ático ha costado a la diócesis de Madrid medio millón de euros. Y lo que parece más grave es que la Conferencia Episcopal, en medio de la depresión que está atravesando el país, ha guardado un escrupuloso silencio y hasta algún obispo ha llegado a justificar públicamente este disparate.

Nos resulta cuando menos extraña esta entrada en la jubilación de una persona que, como el cardenal Rouco, siendo aún obispo de Madrid, visitó una vez las chabolas de la Cañada Real donde el aire, la lluvia y el barro campan por sus fueros y se le supone, por lo mismo, al tanto del empobrecimiento creciente y hasta del hambre que está afectando a la población de Madrid y de los desahucios que siguen ocurriendo a diario.

Pero es más escandaloso si cabe, y más hiriente para la sensibilidad cristiana (el Vaticano II relaciona estas malas prácticas con las causas del ateísmo moderno, G.S. 19), que se quiera hacer pasar este disparate como reconocimiento de la diócesis a los servicios prestados por el cardenal. Extraña exigencia que poco tiene que ver con la humildad y el servicio que reclama el evangelio. Esto nos demuestra que algunos obispos aún no han llegado a entender el fenómeno de “la mundanidad” contra la que clama el papa Francisco y que, según el papa, “se esconde detrás de apariencias de religiosidad e incluso de amor a la Iglesia…” pero que “es un modo sutil de buscar ‘sus propios intereses y no los de Cristo Jesús'” (E.G. 93).
Desde Redes Cristianas, que apuesta por una Iglesia equitativa e igualitaria, pensamos que este despropósito merece un rechazo público, una denuncia profética y un escrache (intelectual, al menos).
Escrito por Redes Cristianas

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Ayuda y compromiso espiritual para la unión de los cristianos, el encuentro de las religiones y el compromiso con la justicia en el carisma de Carlos de Foucauld.

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