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COMENTARIO DE LA PALABRA

4 Domingo del Tiempo Ordinario

Cuarto Domingo del Tiempo Ordinario Ciclo (C)

Texto evangélico: Lucas 4, 21-30

Tema: Un año de gracia para todos  

I. Un año de Gracia

La pasada semana veíamos en el evangelio los versículos precedentes al texto de hoy. En los mismos recordábamos que Lucas, nos ponía en el contexto del momento: a) Jesús está en Galilea su casa, b) Va a Nazaret y en la sinagoga lee el trozo del profeta Isaías (cf.  Is. 61. 1-2), c) terminado el texto se sienta a explicar que lo que Isaías dice se cumple «hoy», d) por último la gente queda maravillada por lo que Jesús va explicándoles.

Nos resulta interesante descubrir que es tanto el asombro sentido por los judíos piadosos, que se dicen entre sí «no es este el hijo de José» (*ver nota).  Si recuerdan bien el texto de Isaías que utiliza Jesús es el de la traducción de los LXX (70) y todos los judíos lo sabían de memoria. Así que han observado que Jesús ha terminado el texto en las palabras «año de gracia» y ha omitido «el día de la venganza de nuestro Dios». Aquí está la clave para entender el texto de hoy. Jesús trae un «año de gracia» y no «de venganza».

Por un lado sienten admiración por el «hijo de José» pero también este hijo de carpintero «les toca en las heridas». Así que el «admirarse» (thaumazo) que esta gente siente no es una admiración cualquiera. Significa también extrañarse, es decir, una admiración negativa. Entonces la traducción sería: «todos se declaraban en contra, extrañados del discurso sobre la gracia (para todos) que salía de sus labios». Así cobra pleno sentido la respuesta de Jesús, que de otro modo, parece que inicia él la riña provocando al pueblo. Jesús lo único que hace es responder a la agresividad. Pero su respuesta es con textos también conocidos. (Fr. Marcos)

II. Un Dios para la humanidad

Jesús se adelanta al pensamiento del pueblo y les indica «se que me dirán aquel refrán: médico cúrate tú. Realiza también aquí, en tu patria, todo lo que hemos oído que sucedió en Cafarnaún». El pueblo como nosotros quiere ver milagros, cosas maravillosas pero con el egoísmo de que estas sean solo para los que «creemos» y no para los distintos. Por eso Jesús les recuerda que los profetas del Antiguo Testamento, también llevaron el «año de gracia» a los distintos.

Jesús también se presenta como la continuación de estos profetas. Y eso el pueblo no lo quiere. No quiere ver a un Jesús que libera al distinto, que da vida, que es capaz de cruzar fronteras, un Jesús que es para «todos» y no solo para unos pocos escogidos. Es el Jesús de los anawim, el Jesús de los excluidos, no solo por las estructuras sociales, sino también por las estructuras eclesiales. Elías y Eliseo son ejemplos de cómo actúa Dios con relación a los no judíos. Para entenderlo hoy, podíamos decir que Elías atendió a una viuda libanesa (Sarepta está en el Líbano) y Eliseo a un general sirio. ¡Qué poco han cambiado las cosas! La viuda de Sarepta y Naamán el sirio fueron atendidos por los profetas porque confiaron en Dios, aunque no formaban parte del pueblo elegido. Tal vez, nuestras viudas y nuestros leprosos, no son de Siria o Líbano, puede que sean de otra fe distinta a la nuestra y a ellos estamos también llamados o de otra raza, preferencia sexual, clase social y también estamos llamados a llevarles la buena nueva de Jesús.

III. Aplicación a la vida

Todos nosotros desde el día de nuestro bautismo asumimos un rol profético, como el de Jesús. Pero a lo largo de la historia ese profetismo lo hemos olvidado y nos hemos dedicado a predicar una buena noticia acomodaticia y el «año de gracia» se ha convertido en «prosperidad». Cuando los cristianos sentimos que somos aceptados por todos, algo no está bien. Nuestro mensaje debe ser un mensaje profético y un profeta «no es bien visto entre los suyos». El primer rechazo de Jesús entre los de su pueblo fue precisamente por ser «profeta». El profeta «anuncia y denuncia» y eso no gusta mucho. El cristianismo no es una religión pasiva, sino una religión «profética, impulsada por el profeta Jesús para promover un mundo más humano» (Pagola). Pero no podemos olvidar que no es solo denunciar, el cristiano debe también presentar propuestas, acciones concretas. Teresa de Calcuta las presentó al acoger a los moribundos, Francisco de Asís al estar junto a los leprosos, Carlos de Foucauld entre los Tuareg. Todos ellos en un inicio fueron aplaudidos y también perseguidos. Aplaudidos por los sencillos y perseguidos por los poderosos. En Jesús se cumple la profecía de Simeón «Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción» (Lc 2,34). También a nosotros y nosotras se nos cuestionará. Recuerda que cuando estés haciendo lo que la gente espera te aplaudirán, pero cuando asumas tu ser profético también dirán «no es este/a el hijo/a de…» «Y no es la que el esposo abandono o el que salió de las drogas» Nos buscarán siempre los trapitos sucios, pero que precioso saber que a Jesús también le hicieron lo mismo.

Hay una gran preocupación por la «Nueva Evangelización» grandes congresos, sínodos, análisis de la realidad, etc. Pero se nos olvida que la clave está en que nuestros pueblos quieren profetas, personas que vivan lo que creen, personas que sean capaces de ser profetas. Tendremos miedo como Jeremías, pero el «Señor estará con nosotros» nos querrán despeñar como a Jesús, pero «si Dios con nosotros, quien contra nosotros»

Hoy más que nunca resuenan las palabras de Juan Pablo II «NO TENGAN MIEDO»

Oración: Señor Jesús, envía tu Espíritu Santo sobre nosotros para que seamos profetas en nuestros tiempos.

 

*NOTA: En cuanto al título «hijo de José» muchos indican que Lucas no tenía mucho conocimiento del a concepción virginal de Jesús y con esto validan teorías absurdas, pero lo que no podemos olvidar es que en Israel, la paternidad legal era tan válida como la biológica.

P. Gerardo Antonio desde Cuba

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Ayuda y compromiso espiritual para la unión de los cristianos, el encuentro de las religiones y el compromiso con la justicia en el carisma de Carlos de Foucauld.

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